La obra de Sulpicia ha llegado hasta nosotros de forma accidental, ya que no constituye un corpus propio, sino que se inserta dentro de la obra de Tibulo. En esa época no era habitual que las mujeres se dedicasen a tareas intelectuales, y eso que su fina retórica podía conmover todo el senado Romano.
Gracias a la posibilidad de deducir de los textos antiguos la obra de Tibulo, lo que era referente de Sulpicia, podemos disfrutar hoy en día de seis de los poemas que compuso, cuya belleza literaria queda patente en sus versos:
"Al fin me llegó el amor, y es tal qué ocultarlo por pudor
antes que desnudarlo a alguien, peor reputación me diera.
Citerea, vencida por los ruegos de mis Camenas,
me lo trajo y lo colocó en mi regazo....
¡Mañana más!...

Hermoso
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